Al terminar el examen


El tierno tejido del llanto materno, cubre de terraplenes una zueca lacrimosa, dando tumbos en un espacio tan cóncavo, que el vacío se jacta de las lágrimas que brotan. Yo no seré un espectador de tu atalaya, no pasearé tu recuerdo desnudo como Héctor, cogeré entre mis manos lo que del alma brota, aunque la vacua longevidad del tiempo me absorba. Ay de ti en esta mañana sin fin, que te pierdas en el parnaso o en el grito de Van Gogh, cuídate de no derramar en los enseres cotidianos, una bella apología a las aristas del pasado. 

Y cúbrete por favor con el cálido regazo,  se mi razón de ser de un Dios, si quieres mis defectos olvida mis virtudes (primero), si pretendes días bellos busca siempre en mis nubes.

Oliva de la dicha, comienzo del firmamento, inicio del primer día, en que deje mis cimientos.

En ti, tú y yo somos, alejados, no veremos más el pasado para aprender, cuenta la historia de ese que nunca oyó, que las cenizas arden, hasta que el mismo destino se alcance. Pero yo no creo en el destino, yo creo en la Ley de lo incierto, me rebelo ante los dioses del Olimpo, soy un ave fénix que aún no ha muerto.

¿Y tú dónde estás? ¿En qué lugar tan alto te escondes? ¿A qué lugar tan lejano huiste?

Con la bufanda del amor agitada, por ciertos vientos de un otoño, que de amor ya no tuvo nada. Si soy como me dijiste, un intervalo entre la ignorancia y la felicidad, seré pues tan desdichado, de que me hayas dejado atrás. Por si no lo entendiste fue sarcasmo, por si no lo sentiste fue amor, por si lo olvidaste soy humano, por si no te veo te digo adiós.

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