Para ser honesto (Un café en la mañana - UCELM)
Salvador pensaba en todas las cosas cambiando a su alrededor, las ideas de libertad, de creación, su vida bohemia, su forma de ser. Miraba los dibujos pintados, las cartas, los poemas, las pinturas. -Cómo puede la gente querer ser ordenada con sus cosas; pensaba. -Si en el caos está la creación; reflexionaba, mi cuarto es mi mundo. Mi cuarto era mi única realidad. Solía pensar que las cosas definían a sus dueños, con sus gustos, con sus sueños, con sus ilusiones, con sus ganas de vivir tan complicadas y esas extrañas ilusiones que viajaban –volaban y flotaban- a mi ventana, pasaban raudos por el aire frío de mi mundo y llegaban a excitar esos huesecillos tan chiquitos, tan diminutos, tan tranquilos y tan despiertos, que tenía en el oído. Pero el maldito sentimiento humano, esa estúpida costumbre de ser un ser humano de querer entender todo hasta tus sentimientos, una tarea tan tonta como banal. - ¡Bah, que idiotez! Arruinar esta noche pensando en ella; exclamó con un ademán d...