Para ser honesto (Un café en la mañana - UCELM)
Salvador
pensaba en todas las cosas cambiando a su alrededor, las ideas de libertad, de
creación, su vida bohemia, su forma de ser. Miraba los dibujos pintados, las
cartas, los poemas, las pinturas.
-Cómo puede la gente querer ser ordenada
con sus cosas; pensaba.
-Si en el caos está la creación;
reflexionaba, mi cuarto es mi mundo.
Mi
cuarto era mi única realidad. Solía pensar que las cosas definían a sus dueños,
con sus gustos, con sus sueños, con sus ilusiones, con sus ganas de vivir tan
complicadas y esas extrañas ilusiones que viajaban –volaban y flotaban- a mi
ventana, pasaban raudos por el aire frío de mi mundo y llegaban a excitar esos
huesecillos tan chiquitos, tan diminutos, tan tranquilos y tan despiertos, que tenía
en el oído.
Pero
el maldito sentimiento humano, esa estúpida costumbre de ser un ser humano de
querer entender todo hasta tus sentimientos, una tarea tan tonta como banal.
- ¡Bah, que idiotez! Arruinar esta noche
pensando en ella; exclamó con un ademán de sus manos delgadas y sus yemas partidas
por los trastes de la guitarra.
- ¿Pero si solo lo hiciera por esta vez? Nadie
me ve, hasta me la puedo correr pensando en ella. No, otra vez con la misma
huevada, no. Pero es que…
La
médula se me entibiaba pensando tal vez en su saliva, en sus labios, en su
sombra solamente; y yo era un patético que había dejado ir a lo último de
insanía que podía mover estas agujas al revés.
Así
en estas noches de furor yo le escribía:
Para ser honesto
Contemplo el marrón de tus
ojos
Y entiendo el infinito del
cielo
Una acera gris se convierte
en oro
Y los sueños pueden partir en
vuelo
Me traes desde abajo con tu
risa
Y me dejas caer en tus
cabellos
Te gusta hacerme tu enemiga
Aunque sucumbes en mis sueños
Y el tiempo que ya no existe
En ti no es más que un
suspiro
Suspendido en un beso yo
quería
Dejarte dentro del aire que
respiro
Como será que llenas mi vida
Que no comprendo las palabras
sinceras
De algún buen hombre que me
mira
Y me pide el tiempo con
ironía
Y otra vez sigo en el marrón
de tus ojos
Forma fresca y beso robado,
no eres
Más bella, sino, cuando me
enojo
Dejas que me muera, y me
quieres
Aprende, aunque sea un
momento
Si me quejo de las pesadillas
Me dirás que no tenga miedo
Que me dejas dormir en tus
rodillas
Eso puedo yo, y eso mismo,
Porque el escribidor…también
es un ser honesto…
Aunque cumpla tus deseos, y
se quede sin suspiros
Y aunque se acabe el mundo en
un te quiero.
Podría
llegar a entender alguna vez porque no soy como los demás y porque no me contento
con tan poco, por qué; sí, es cierto, la ignorancia es felicidad. Cuanto me
hubiera gustado no tener el bicho de la curiosidad destruyéndome por dentro y carcomiendome
las entrañas tan venidas a menos por la comida chatarra, la gastritis atrófica
y alguno que otro golpe, que, por éstos, mis días, no me faltaban.
Mis
días sobran, mi sorna sobra carajo.
-Como un domingo en la mañana, si no te
has metido una buena tranca, no sirve de nada despertar; pensaba.
-Total, tenemos millones de neuronas,
algunas de ellas serían capaces de pagar las cuentas y darte de comer, a lo
mejor y podemos hasta terminar el puto libro.
-Sí, es cierto a lo mejor hasta podemos
terminar el libro de mierda que tienes en la cabeza.
- ¿Pero con quien chucha estoy hablando?; Salvador
se rascaba la cabeza como un signo de inconformidad, como nerviosismo.
-Déjate de huevadas, estás hablando
conmigo pues mierda ¿con quién más?; Salvador se miraba de reojo ante un
espejo. Nunca le habían gustado tanto los espejos, y menos en las noches.
Yo, siempre yo. Me creían muy cerrado,
retraído, hasta extraño, quisiera tenerlos de frente, a ellos, a esos que van
de traje, que viven sus vidas tan complicadas.
-Complicadas y vacías; se decía a si mismo
Salvador.
- ¡Ya cállate carajo!
Hubo
un mundo de silencio, en ese minuto.
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