Después me enteré
Y tu me dabas todo, con un simple gesto, y yo al menos te perdía un par de veces al día
me colocabas en el centro de tu vida y yo atado a lo banal me corrompía
consideraba el tiempo algo sin fin, sin fecha de caducidad
luego me dio un escupitajo en los treinta
regresandome a la pregunta
que se hacen todos
que se hace nadie.
Nadie me ve como un fantasma, me ven como a una sombra cálida, impávida, taciturna
que comprueba el habito de olvidarse las cosas, para tener que cerrar dos veces la puerta
y tener algo que hacer.
Mal hemos hecho en permitir a la rutina, arar, cultivar y cosechar nuestras penas
y ahora que después del tiempo llegó la sin razón
te digo con el alma que te perdí pero,
después, recién,
después me enteré.
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