Karina
Fuerza invencible, lugarteniente de mis miedos, cómplice de la fría noche. Sueño ligero tu tienes, acompañas el tiempo con mis palabras, al fin y al cabo pleonasmos de mi fracaso. Cobija humana de mi hijo, sensación de calma ante la lluvia, corta de negativismo. Creyente ferviente de este estúpido, amable como pocas al callar, retienes la palabra y la ofensa.
Tu único secreto es saber convivir conmigo, algo sumamente difícil, en la búsqueda incansable de lo abstracto, regreso cansado al lado de tu sombra. Gracias por las palabras no dichas (las que uno se imagina), gracias por escucharme, gracias. Gracias.
Me miras con esos ojos oscuros y un poco rasgados, para aconsejarme. Dedos entrelazados, charla tensa, frío un poco alarmante pero innecesario. Quien sabe, tal vez esta noche se convierta en día, podamos vernos no solo con los ojos, charlar sin usar las palabras y tomados de la mano, soñar ese sueño, nuestro sueño.
Se que estás cansada, lo sé. Yo también. Hacemos el esfuerzo de ser humanos todavía, vemos dos figuras al frente y nuestro futuro llora, con ese llanto comprendemos nuestra labor. Hemos crecido, vivimos para los demás, ya no solo pensamos en nosotros. Te veo nuevamente, veo aún a la señorita escurridiza que se escapaba de mí (bueno, lo intentaba), comprendo que el tiempo es una ilusión, el cansancio está en tu mente y lo que tú corazón desee alcanzar, está donde lo puedes ver. Entonces, solo ve y atrápalo.
Comentarios